Fue un privilegiado y un enviado de lo alto para renovar, mejorar, animar, confortar y reformar las múltiples formas de caridad al servicio de las personas con discapacidad o enfermedad mental, más marginadas por la sociedad.
Su personalidad, es sin duda poliédrica y rica de matices. Él fue sacerdote, fundador, confidente, párroco, siervo, hombre de oración y de acción, formidable organizador, incansable apóstol, delicado pedagogo, profundo conocedor de la humanidad y de sus debilidades.
Pero analizando cada expresión de su personalidad, definirlo como enamorado de Cristo es la mejor manera de sintetizar su verdadera naturaleza.
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“Las hermanas, especialmente aquellas que deben colaborar en mi Institución, no se improvisan. La asistencia a las personas con discapacidad y a los enfermos mentales no es una asistencia común. Ello implica una voluntad heroica de abnegación y sacrificios, un espíritu de dedicación completa, más que materna, con la perspectiva de recibir como recompensa no una sonrisa de gratitud, sino la incomprensión de la inconciencia y de la frialdad”.
_Padre Pascual Uva